¿SE PUEDE APRENDER A SER FELIZ?

La felicidad, el bienestar, la alegría, el goce por la vida … hasta hace apenas unos años, no estaban muy bien vistos en la sociedad occidental, porque la cultura en el mundo occidental estaba anclada, entre otras, en dos grandes ideas; por una lado la idea cristiana, para la cual el mundo es un valle de lagrimas al que hemos venido a sufrir para conseguir la vida eterna;  y por otro, la idea de que la heroicidad individualista occidental  está basada en tipos desgraciados en su vida personal y dispuestos a sacrificarse para salvar el mundo, de modo que, el individuo que expresa alegría, regocijo, o simplemente afición por la vida y habilidad para disfrutarla  parece menos interesante que el que ahonda en esos sentimientos tan humanos: miedo, tristeza, soledad… Hablar de felicidad y, sobre todo, reconocer la propia felicidad, era y es todavía un  motivo de sospecha. He visto a muchas personas, que cuando se les ha hecho esta pregunta, han llegado a pensar que les estábamos “tomando el pelo” o, incluso peor, que nuestras intenciones no eran claras. Incluso, en esta época en la que solo existe la palabra crisis, para algunos, el reconocimiento de la felicidad es muestra de una intolerable simpleza, propia de necios.

Y sin embargo, cada día, hay mas psicólogos, que están convencidos de que  es posible aprender a ser feliz, de hecho hay una rama de la Psicología, la Psicología Positiva, que dedica muchos de sus esfuerzos e investigaciones al tema de si somos o no felices y, como aprender a serlo. De acuerdo con estos psicólogos, deberíamos empezar a entrenar nuestro optimismo, ya que como se ha demostrado las personas optimistas viven más y mejor.  A parte de nuestro optimismo también podemos trabajar los placeres, las gratificaciones y las relaciones:

Placeres: Potenciar nuestra parte más hedonista practicando actividades que nos reporten placeres (las muestras de cariño hacia los nuestros, comer chocolate, escuchar la música que más nos guste, pasear y disfrutar de la naturaleza…)

Gratificaciones: Cultivar las aficiones que más nos satisfacen personalmente en vez de pasar el tiempo libre con acciones, que si bien son placenteras, no aportan nada a posteriori, como ver la televisión. Está demostrado que hacer lo que a uno le gusta sin importarle si sirve o no para algo, solo por el placer de hacerlo, hace sentirse a uno más útil y mas pleno.

Relaciones: Buscar un sentido a la vida más allá de uno mismo. Estudios con diferentes comunidades indican que la gente que se siente parte de un grupo ya sea un equipo de fútbol, una congregación religiosa, un grupo de teatro, una familia…, es más feliz.

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