Emociones y Conflictos

El hombre es un animal social que necesita, para su supervivencia y realización como ser humano, pertenecer  a un colectivo integrado por otros seres humanos. Este modo de vida requiere, para cualquier persona, compaginar sus intereses como individuo con los intereses colectivos derivados de la vida en común. En ocasiones estos intereses son concurrentes, pero en otros casos las necesidades individuales y colectivas son difícilmente compatibles, facilitando la aparición de conflictos. De modo que el conflicto  es inevitable en las relaciones sociales e interpersonales.

Los conflictos generan emociones y las emociones pueden generar conflictos, de modo que hay una interacción entre conflicto y emoción, que a veces es difícil de gestionar.

Las emociones pueden facilitar, dificultar e incluso imposibilitar la solución de un conflicto.

 La solución de los conflictos, básicamente, puede abordarse siguiendo alguna de las siguientes estrategias:

  • Evitación: Se trata de eludir o aplazar el conflicto, de minimizarlo, de de evitarlo a toda costa. Esta situación se caracteriza por la no asertividad y la no cooperación.
  • Servilismo: Es el estilo acomodaticio, sucede cuando una persona se amolda al punto de vista del oponente por servilismo o cede ante sus demandas y se caracteriza por la cooperación y por la no asertividad.
  • Competición: La persona busca sus propios intereses a costa de los demás. Esta caracterizada por la asertividad y la no cooperación.
  • Compromiso: Consecución de acuerdos satisfactorios para las partes, donde las mismas realizan alguna concesión. Se caracteriza por una mediana asertividad y una mediana cooperación.
  • Colaboración: Búsqueda de un acuerdo que satisfaga las aspiraciones de las partes. Caracterizada por la asertividad y la cooperación.

Cuando elegimos una de estas estrategias, debemos tener muy claro que cada una de ellas está motivada por emociones específicas y provoca reacciones emocionales en los demás. Por esto,  la inteligencia emocional es una herramienta básica en la gestión de un conflicto.

Ser capaces de identificar las emociones que en cada momento están presentes, en uno mismo y  en el otro es una de las competencias emocionales esenciales en la solución de conflictos. Es más fácil actuar de forma apropiada cuando sabemos que la otra persona está triste, contenta, disgustada, enfadada, indignada…

Sabemos que las emociones son impulsos para la acción. Conocer la función que cumple cada emoción ayuda a adoptar el comportamiento apropiado, a encontrar la manera correcta de actuar. Si se siente ira, hay predisposición para atacar. Cuando se siente miedo, la predisposición es a protegerse, defenderse. Si estamos tristes, tendemos a aislarnos.

Además, las emociones son contagiosas, y esto es particularmente cierto en los grupos, y sobre todo en situaciones de conflicto. En momentos de euforia pueden tomarse decisiones inadecuadas, lo mismo que en momentos de decaimiento o de ira. Tener claro hasta dónde debemos seguir a los demás ayuda mucho a ubicarse correctamente en situaciones emocionales que generalmente son intensas.

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