Del tener al ser

Para el profesor Marc Hassenzahl, psicólogo y profesor de diseño experiencial en la Universidad Foikwanq de las Artes en Essen, ni el dinero ni las posesiones materiales abren la puerta al bienestar y a la satisfacción: la llave a estas emociones son las vivencias. Esta búsqueda del instante perfecto está originando la transformación hacia una sociedad en el que las experiencias están por encima de las posesiones de las personas ya que estas les hacen más felices en comparación con las posesiones materiales.

Atesorar experiencias nuevas y significativas nos hace más felices que acumular bienes de modo que para nuestro cumpleaños preferimos viajes, entradas a conciertos… antes que bienes materiales.

 Aunque para cualquiera la decisión puede resultar un tanto ardua, a ojos de la ciencia la elección es sencilla, puesto que las experiencias hacen más felices a las personas en comparación con las posesiones materiales.

 ¿Por qué las experiencias producen mayor satisfacción que las posesiones materiales? Existen varios motivos. Por un lado, los recuerdos pueden reinterpretarse de forma positiva. Retrospectivamente podemos transformar y sintonizar los acontecimientos hasta incluso pintarlos de color de rosa, aunque la experiencia no haya sido en realidad tan idílica. En cambio, los objetos mantienen el mismo aspecto, por lo que nos acostumbramos rápido a ellos y pronto pierden su atractivo inicial. Además la preferencia por las experiencias posee otros fundamentos de gran calado: las percibimos como importantes para la propia identidad. Las personas somos la suma de lo que hemos vivido. Incluso disponemos de una memoria específica para el contenido episódico y autobiográfico. Dado que creemos que las vivencias expresan ciertas características de nosotros mismos, documentamos las pequeñas y grandes aventuras para, al final, compartirlas con nuestros congéneres (véase Facebook).

 En la cultura occidental cada vez más personas dudan del sentido de experimentar un ansia por las posesiones, lo cual se refleja en la pérdida de reputación, se les considera unos egoístas que solo se interesan por el estatus social.

 El crecimiento personal ha pasado a ser más importante que la presunción y la fanfarronería. La huida del estrés y las prisas y concentrarse en el aquí y ahora (Mindfulness) resulta prioritario.

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Un paseo por la playa, un fin de semana en el campo, organizar una barbacoa con los amigos… constituyen pequeñas alegrías del día a día que dan sentido a la vida.

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