Atención plena y Gestión Emocional

¿Sabe?, al final todo se reduce a esto: dondequiera que vaya, allí está. Sea lo que sea lo que termine haciendo, es lo que ha acabado haciendo. Sea lo que sea en lo que esté pensando ahora mismo, eso es lo que hay en su mente. Sea lo que sea lo que le ha ocurrido, ya ha ocurrido. El quid de la cuestión es: ¿cómo va a manejarlo? En otras palabras: « ¿Y ahora qué? ». Jon Kabat-Zinn

 Con muchísima facilidad todos acabamos viviendo nuestras vidas como si olvidásemos momentáneamente que estamos aquí, donde ya estamos, y que estamos en lo que ya estamos. En todo momento nos encontramos en la encrucijada del aquí y del ahora. Pero con demasiada frecuencia dejamos de estar en contacto con nosotros mismos y nuestra mente se pone a funcionar en modo automático, como un auténtico robot y en estos momentos perdemos toda la noción del momento presente, que en realidad es el único que tenemos para vivir. Muchas personas no se dan cuenta y su mente pasa la mayor parte de su vida  en modo automático, robotizado.

 Permitirnos estar en contacto con el momento presente y que este pueda penetrar en nosotros es básico para verlo en su totalidad, sostenerlo en nuestra conciencia y comprenderlo mejor. Sólo entonces podemos comprender y aceptar la verdad de este momento de nuestra vida y gestionarlo emocionalmente para seguir adelante.

A menudo nuestras preocupaciones se centran en el pasado o bien en el futuro, e ignoramos el momento presente, que insisto, es el único que tenemos para vivir. Esto nos lleva, a su vez, a no ser conscientes o a ser parcialmente conscientes de lo que estamos haciendo y de los efectos de nuestras acciones y, por lo tanto, a tomar malas decisiones emocionales.

El precio a pagar por este no ser conscientes del momento presente nos lleva a  encerramos en una ficción personal, según la cual ya sabemos quiénes somos, ya sabemos dónde estarnos y adónde nos dirigimos, ya sabemos qué está ocurriendo; y mientras tanto permanecemos envueltos en un velo de pensamientos, fantasías e impulsos, la mayoría de ellos relacionados con el pasado y con el futuro, con lo que deseamos y nos gusta y con lo que tememos y no nos gusta, que se prolongan continuamente y nos impiden ver dónde estamos y el suelo que pisamos.

 Estar en contacto con el momento presente es lo que se llama “atención plena” y cultivar esta atención plena, este estar presente, es la base para una gestión emocional adaptativa y  para una mejor conciencia de quiénes somos y como actuamos.

 Consiste pues en vivir conscientemente el momento presente, y esto significa darnos cuenta de lo que estamos haciendo, de las emociones en las que estamos inmersos, y de cómo este momento presente va a influir en el siguiente en función de la gestión conductual y emocional que de él hagamos. Si lo que ocurre ahora influye en lo que ocurre a continuación, parece importante estar en contacto con lo que está ocurriendo ahora, para poder orientamos tanto interna como externamente y  percibir con claridad el camino que estamos recorriendo realmente y la dirección en la que estamos yendo.

 La atención plena tiene que ver, ante todo, con la atención y la conciencia, que son, dos cualidades humanas básicas para la gestión de las emociones y sin embargo en nuestra sociedad tendemos a dar, por sentadas estas capacidades y no pensamos en cultivarlas de una forma sistemática para comprendemos  y gestionarnos a nosotros mismos.

 Todos podemos trabajar la atención plena, pero para ello tenemos que estar dispuestos a pararnos y escuchar con atención muestra propia voz, nuestro corazón, nuestra respiración, sin tener que ir a ningún lado ni hacer nada mejor ni de forma distinta. Pero mirar nuestro presente también supone mirar con independencia de lo que contenga, con un espíritu de generosidad,  de compasión, de amabilidad hacia uno mismo y apertura hacia lo que podría ser posible.

 Una buena gestión emocional comienza por la capacidad de cualquier persona de ser capaz de percibir en todo momento sus emociones, de comprender por qué es esta la emoción que está sintiendo en ese momento y no otra, por relacionar momento presente, situación, emoción y conducta. Ahora bien ¿qué pasa si nuestra mente se pone a funcionar en modo automático, como un auténtico robot y en esos momentos perdemos toda la noción del momento presente? Que es imposible  que percibamos,  que reflexionemos sobre ese momento, sobre la conducta que estamos desarrollando, sobre las emociones que estamos sintiendo. De modo  que no es posible gestionar adaptativamente nuestras emociones para llevar una vida plena sin estar atentos al momento presente, sin trabajar en el día a día la “atención plena”.

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