Sufrimiento humano y bienestar.

Todos hemos pasado por la experiencia de ir caminando por la calle, en un momento en el que teníamos un día especialmente malo, y mientras mirábamos a nuestro alrededor, a las personas con las que nos cruzábamos pensábamos que lo tenían todo controlado, que eran felices,  que estaban satisfechas con sus vidas y se nos venía una y otra vez un pensamiento recurrente  que nos repetíamos a nosotros mismos: ¿Por qué no puedo ser tan feliz como el resto de la gente? ¿Por qué me pasa esto a mí? Ellos no sufren como sufro yo, a ellos no les pasa lo que me pasa a mí, ellos no se sienten como si una nube oscura estuviera siempre al acecho, amenazadora, sobre sus cabezas.

Pero esto no es así. Todos los seres humanos tenemos dolor. Si uno vive lo suficiente ya habrá experimentado o experimentará la desgracia de la perdida de alguien a quien ama. Cada persona concreta ha experimentado o experimentará dolor físico. Todo el mundo ha sentido tristeza, vergüenza, ansiedad, miedo, perdidas. Todos tenemos recuerdos que nos resultan embarazosos, humillantes o vergonzosos. Todos llevamos ocultos, en el interior, secretos dolorosos. Además la gente no solo sufre, provoca sufrimiento en otras personas en forma de sesgo, prejuicios y estigmas de una manera que parece tan natural como el respirar.

El hecho de ser humano implica sentir dolor de un modo mucho más penetrante que lo pueda experimentar cualquier otra especie de la tierra.

Ninguna cosa externa nos asegura la liberación frente al sufrimiento. Ni siquiera es suficiente cuando nosotros, los seres humanos, disponemos de todo aquello de lo que, por lo general, echamos mano para valorar el éxito externo: padres cariñosos, hijos estupendos, seguridad financiera, pareja comprometida… Podemos tener todo esto y más y aun así sentirnos desgraciados, experimentar dolor, no encontrarle sentido a la vida. Todo esto lleva a una conclusión: el sufrimiento es característica básica de la vida humana.

Aceptada la premisa de que el sufrimiento humano es la norma  y no la excepción en la vida, la pregunta es ¿Se puede ser feliz cuando estamos sufriendo? Hay muchas respuestas a esta pregunta. A mí personalmente me parece que aceptar la situación (Esto es lo que hay) y seguir viviendo la vida que uno ha elegido vivir (con sus valores, sus relaciones con los demás, sus proyectos, etc.) es la fórmula que nos permitirá crecer en bienestar emocional, relacionarnos desde la empatía  y el compromiso con los demás y en definitiva ser más felices.

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