Elegir la forma en que queremos vivir.

A lo largo de la vida no enfrentaremos a situaciones que no hemos elegido pero que sucederán de todos modos: Un accidente que nos pone frente al dolor físico, una muerte que nos pone ante sentimientos de pérdida, una enfermedad que rompe nuestro ritmo vital. Las consecuencias para nuestras vidas se derivan no de estas situaciones, que forman parte de la misma vida, sino de las acciones que emprendemos para enfrentarnos a estas situaciones.

Podríamos decidir claudicar, buscar soluciones de evitación, tratar de eliminar nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones para no enfrentarnos a nuestra realidad y al sufrimiento que esta nos provoca. A corto plazo podría parecer que estas soluciones funcionan, pero con el tiempo acabaríamos recluidos dentro de nosotros mismos, perderíamos vitalidad, nuestra vida se encogería y nos daríamos cuenta que no han funcionado y que estamos peor que al inicio de dicha situación.

Igualmente podríamos tomar la decisión de aceptar dicha situación y responder según los valores que de verdad nos importan y nuestra forma de entender la vida, de comprometernos con estar presentes y de vivir valiosamente el tiempo que tenemos, portando en nuestra mochila el dolor que nos provocan están situaciones.

Cuando nos enfrentamos a un problema esencial en muestro propio interior,  nos  situamos  en la encrucijada. Constantemente la vida nos sitúa en ese cruce de caminos que nos obliga a  decidir cuál de ellos queremos seguir.

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Si tomamos el de la derecha, nuestra mente nos hablará continuamente sobre peligros, riesgos y vulnerabilidad y nos presentará la evitación como método de solución. Todos hemos seguido ese camino alguna vez. No es culpa de nadie, hemos  hecho lo que haría toda persona razonable, tratar de controlar o evitar pensamientos, sentimientos y sensaciones que nos causan dolor. Lo que pasa es que resulta que no es eficaz, vital ni estimulante.

Si tomamos el de la izquierda, nos habremos decidido por la aceptación, por vivir de acuerdo con nuestros valores y estar presentes en el aquí y en el ahora. Nos daremos cuenta de nuestro dolor, pero aprenderemos que somos más que nuestro dolor, lo aceptaremos, le haremos sitio, pero manteniendo la distancia. Y de esta manera mientas caminamos, crecemos, nos volvemos más vitales y flexibles y nos  preparamos para nuevas situaciones que nos deparará la vida. No suelen ser, exactamente, los mismos viejos problemas sino que son ligeramente distintos. Son nuevos y puede que sean más desafiantes.

Y aquí estamos otra vez. Otra vez en la encrucijada del camino. Otra vez dispuestos a elegir.  Pero el progreso ya está en marcha. Ahora estamos viviendo una vida más vital, flexible y basada en valores.

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