Reconsiderando el perdón

Todas las personas arrastramos heridas emocionales, sobre todo si somos adultos. Todos llevamos en nuestras espaldas injusticias, traiciones, humillaciones y negligencias que nos han provocado otras personas, pero también que nos hemos provocado nosotros mismos. También es probable que hayamos sido responsables, conscientemente o no, del sufrimiento de otras personas.

Estas heridas pueden ser pequeñas piedrecitas pero también, para algunos, grandes rocas con las que cargamos y que, sin embargo, nos cuesta soltar.

Uno de los desafíos más importantes en el camino hacia el equilibrio emocional está relacionado con esas heridas emocionales que arrastramos del pasado, bien sean causadas por otros o por nosotros mismos. ¿Cómo podemos gestionar el resentimiento, el enfado, la ira… que a veces nos causan dichas heridas? 

El perdón es la manera que tiene nuestro corazón de curar esas inevitables heridas y decepciones de la vida. El perdón implica soltar el resentimiento y la ira hacia quienes nos han herido, traicionado o abandonado (incluidos nosotros mismos).  Es difícil aceptar esta idea cuando nos sentimos heridos y, sin embargo, el perdón es el único camino hacia  nuestro bienestar emocional.

La mayoría de las personas piensan que el perdón es regalar algo a otra persona y actuamos y pensamos bajo esa idea. Si reflexionásemos un poquito nos daríamos cuenta que somos nosotros mismos los que recibimos el mayor beneficio cuando perdonamos o nos perdonamos, dado que el perdón es ante todo un acto de autocompasión. Deberíamos comprender que el resentimiento afecta a la persona que lo siente no a su destinatario y que por lo tanto los efectos a largo plazo de ese lento veneno acabarán emponzoñando nuestro corazón. Cuando vivimos con rencor, cedemos nuestro poder y la  dirección de nuestra vida a aquellos con quienes estamos resentidos.

Por otro lado, a muchas personas les parece que perdonar es un signo de debilidad  y sin embargo, como decía Gandhi, el perdón es el atributo de los fuertes. Hay que tener  mucha fuerza de carácter para ser capaz de perdonar y adoptar una postura no violenta, en vez de reaccionar instintivamente a puñetazos.

Es verdad, que el perdón no se puede forzar ni acelerar, pero sí se puede cultivar un espacio mental en el que pueda emerger, en el que podamos dejar ir nuestros  resentimientos, dándonos el tiempo que necesitemos.  Es importante recordar que perdonarnos a nosotros mismos es al menos tan importante como perdonar a los demás, de hecho, ambos aspectos están estrechamente relacionados.

¿Por dónde empezar? Aceptando de corazón que nuestros defectos y los de los demás forman parte de lo que somos: seres humanos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s