Los sistemas de regulación emocional según Paul Gilbert.

 Paul Gilbert, afirma que nuestro cerebro contiene, como mínimo, tres tipos principales de sistemas de regulación emocional, cada uno diseñado para hacer cosas distintas. Estos tres sistemas de regulación emocional son: el sistema de amenaza y protección; el sistema de impulso, búsqueda de recursos y excitación;  y el sistema de calma y afiliación, alivio y seguridad (Gilbet, 2015). Dicho  de otro modo ¿qué hacemos ante las amenazas?, ¿de dónde saca nuestro cuerpo la energía para lograr nuestros objetivos? y ¿por qué en ciertos momentos nos sentimos en calma y bienestar?

Estos tres sistemas están interconectados y se han configurado  con la evolución de nuestra especie. Esto significa que tenemos una sensibilidad a ciertos estímulos que es un producto de la genética, pero que también se pueden activar, por condicionamiento a otros estímulos, en las primeras etapas de nuestro aprendizaje. A continuación pasamos a comentar mas detenidamente estos tres sistemas.

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El sistema de amenaza y defensa o protección:

El sistema de amenaza se activa cuando detectamos peligros potenciales, amenazas, objetivos y metas que no se van cumpliendo, etc. Por ello es un sistema de actuación rápida que provoca el estallido de emociones como la ansiedad, la ira, la indignación, el asco y la tristeza (Marks, 1991). Estas emociones se extenderán por nuestro cuerpo alertándonos y forzándonos a pasar a la acción. Sus actuaciones tienen la finalidad de asegurar nuestra supervivencia, poniendo en marcha una serie de mecanismos fisiológicos, cognitivos, emocionales y conductuales. La evaluación automática se produce con gran rapidez y con poca (o ninguna) intervención de las estructuras corticales; estaríamos hablando de la vía nerviosa inferior corta ya que nuestro cerebro le da la máxima prioridad.

Este sistema se activa aún en ausencia de una amenaza concreta, solamente con pensar en ella, porque nuestro cuerpo reacciona a nuestro pensamiento como si reflejara la realidad. Con solo pensar en esa amenaza, ese suceso estresante, esa meta que no sabemos si vamos a alcanzar, el sistema nos coloca en alerta para detectarla y nos activa para reaccionar lo más rápidamente posible cuando aparezca. Igualmente el sistema se  activa si se producen amenazas a las personas que amamos.

Este sistema nos genera problemas dado que se activa rápidamente y con prioridad a cualquier otro. Funciona a través de la vía nerviosa inferior corta, automática y opera mediante determinados sistemas cerebrales como la amígdala y el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (Ledoux, 1999).

Su desactivación es difícil porque se encarga de la protección de nuestra vida y siempre está alerta. Se desactiva cuando se ponen en marcha los otros sistemas. Además, a veces, las estrategias que seguimos pueden estar equivocadas y generarnos conflictos y contradicciones. Y por último la intensidad de la respuesta (demasiada o poca intensidad), igualmente, puede generarnos problemas.

 El sistema de activación general o de búsqueda de recursos/incentivos:

Este sistema regula las emociones y las motivaciones relacionadas con la búsqueda de recursos importantes del entorno (comida, sexo, relaciones, etc.) tanto para nosotros, como para aquellos que nos importan (Gilbert y Tirch, 2009).  Es el sistema que nos empuja a buscar la satisfacción de deseos y necesidades materiales e inmateriales (por ejemplo, la búsqueda de estatus y la competitividad). Se activa con conductas de logro, y nos proporciona la energía necesaria para actuar y, conforme vamos dando pasos hacia la consecución de nuestros objetivos, nos genera sentimientos de bienestar y placer. E igualmente cuando recordamos lo que hemos logrado o lo que hemos hecho, e incluso lo que vamos a hacer en el futuro. Es importante saber que estas emociones neutralizan y contrarrestan las que se producen asociadas al sistema de amenaza y defensa o protección.

También este sistema puede ser desadaptativo  y difícil de desactivar ya que su  activación va ligada muchas veces a la experiencia de placer y puede provocarnos adicción.

El sistema de calma y afiliación:

Relacionado con emociones como la alegría, el apego seguro, las relaciones con otras personas, todo ello conectado con el hecho de sentirnos contentos y seguros, lo cual no solo implica la ausencia de riesgo, sino también el surgimiento de emociones agradables y apacibles y una sensación de bienestar.

Se activa cuando estamos con personas con las que nos sentimos vinculados emocionalmente, en sintonía y seguros, en especial con amigos y familiares, pero también se pone en marcha cuando realizamos prácticas de mindfulness y prácticas del corazón, por ejemplo meditaciones de amor y amabilidad y de compasión (Depue y Morrone-Strupinski, 2005). Esto implica que construir relaciones positivas y seguras con los demás y con nosotros mismos hace que nos sintamos en calma, seguros y contentos. Su activación ayuda a regular el funcionamiento de los sistemas de amenaza y de impulso.

En la evolución de nuestra especie, las conductas de vínculo y cuidado especializaron a este sistema para que se activara asociado a las situaciones en las que recibimos o damos cuidados, sentimos la amabilidad de los demás o se la damos y cuando hacemos o nos hacen favores. Todas estas conductas tienen cualidades calmantes que generan sentimientos positivos de bienestar, seguridad y conexión social. En el tema que nos ocupa de familiares cuidadores este sistema adquiere una gran importancia, pues su activación significa equilibrio emocional y bienestar para estos cuidadores.

La activación de este sistema produce una sensación de satisfacción y de bienestar, y fomenta nuestras capacidades creativas y de exploración y compromiso hacia los que nos rodean. También está relacionado con los procesos de cuidado de nuestro cuerpo.

Hay una idea fundamental que surge de la consideración de estos tres sistemas neurológicos que menciona Gilbert (2015): las sensaciones de bienestar y de seguridad no surgen de la ausencia de amenazas, sino que aparecen asociadas a la puesta en funcionamiento de un sistema neurológico diferente, aquel que controla la cooperación social y que se activa con conductas asociadas al cuidado y a la conexión social (Cullen y Brito, 2015). Activamos este sistema cuando establecemos relaciones sociales de confianza y generosidad, cuando somos conscientes de que los demás piensan positivamente de nosotros y se sienten dispuestos a ayudarnos, cuando ayudamos desinteresadamente a los demás.

Los tres sistemas son interdependientes y se relacionan de forma compleja en la producción de las emociones que en un momento determinado podamos sentir. El sistema de amenaza es prioritario porque se trata de defender nuestra vida, por ello, cuando se activa inhibe los otros dos y por ello es difícil de desactivar. El de activación general y/o búsqueda de recursos  bloquea el sistema de amenaza. La determinación en seguir nuestros valores por encima de las amenazas que sentimos es la mejor forma de desactivar el sistema de amenaza. El sistema de bienestar es un regulador interno de los otros dos sistemas, es el que nos permite aportar calma, tranquilidad y paz, y contribuye con ello al restablecimiento del equilibrio emocional.

 

Un comentario sobre “Los sistemas de regulación emocional según Paul Gilbert.

  1. Gilbert (2015): las sensaciones de bienestar y de seguridad no surgen de la ausencia de amenazas, sino que aparecen asociadas a la puesta en funcionamiento de un sistema neurológico diferente, aquel que controla la cooperación social y que se activa con conductas asociadas al cuidado y a la conexión social (Cullen y Brito, 2015).

    Qué importante es que las personas aprendamos (entre más pequeños mejor) y nos preguntemos por nuestras emociones, así como ver el alcance de la cultura y costumbres que nos enseñan las formas de conectarnos socialmente. Es un proceso complejo aprender la posibilidad de modificar nuestra respuesta ante lo adverso haciendo una observación más rigurosa de nuestra actitud y comportamiento.

    Gracias por compartir 😉

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