Seguir un camino con corazón

En el camino de la vida  es bueno parar de vez en cuando y preguntarse “¿Estoy siguiendo un camino con corazón?” Porque en el mundo actual, donde todo se puede vender y comprar, es fácil perderse en ese mercado en el que se nos ofrece y promete una vida plena, conocimiento, gozo, felicidad… Si no vamos con cierto tiento pronto nos encontraremos enfrascados en la ambición, el materialismo y el aislamiento de nuestra moderna sociedad.

En este camino que es la vida, lo importante es sencillo: hemos de asegurarnos de  que nuestra vía está conectada con nuestro corazón y esto, a su vez, tiene que ver con permanecer cerca de lo cotidiano: concentrarnos en lo que tenemos delante, para asegurarnos de que nuestra vía está conectada con nuestro más profundo amor.Vía, Camino, Tulipanes De Color Rosa

En la vida moderna estamos tan ocupados con nuestras tareas cotidianas y pensamientos, que no tenemos tiempo para parar y hacernos dicha pregunta. Cuando nos preguntamos por nuestro camino actual, hemos de observar los valores que hemos elegido para vivir. ¿Dónde ponemos nuestro tiempo, nuestra fuerza, nuestra creatividad, nuestro amor? Hemos de observar nuestra vida sin sentimentalismos, exageración o idealismo. ¿Lo que escogemos, refleja lo que valoramos mas?

Así que, hacer un alto en el camino, de vez en cuando y preguntare ¿Tiene esa senda corazón? Es la base para no perderse, para vivir una vida plena.  Hemos de hacernos esta pregunta todas las veces que lo consideremos necesario y si la respuesta es “si lo tiene”, la senda es buena. Si no, no sirve para nada.

Cuando nos hacemos dicha pregunta, descubrimos que nadie puede definir por nosotros como debe ser dicho camino. Por el contrario, hemos de permitir que resuenen en el seno de nuestro ser el misterio y la belleza de la pregunta. Surgirá, entonces, una respuesta de algún recóndito lugar en nosotros, y con ella, la comprensión. Si permanecemos quietos y escuchamos en profundidad, aunque sea por un instante, sabremos si seguimos un camino con corazón.

Compasión y bondad

Hacerlo es encontrar una forma de  vivir en el mundo, total y plenamente, contemplando toda la vida del universo como algo precioso. Es prestar una atención total a la vida.  Y así, a medida que las cualidades de presencia y simplicidad empiezan a impregnar nuestras vidas, nuestro amor interior por todos los seres empieza a expresarse a sí mismo, y da vida a nuestro camino.

Vivir un camino con corazón significa permitir que el aroma de la compasión y la bondad impregnen nuestras vidas. Cuando prestamos una atención total a nuestros actos, cuando expresamos nuestro amor y vemos la preciosidad de nuestra vida, crece en nosotros  la calidad de la compasión y la bondad.

Las cosas más importantes de la vida no son ni fantásticas ni grandiosas. Son los momentos en que nos ponemos en contacto con los demás; cuando estamos ahí, del modo más atento y cariñoso; cuando somos compasivos con nosotros y con el resto de los seres que nos rodean.

 Soltar y vivir a través del cambio permanente

Cuando decidimos seguir un camino con corazón, podemos comprobar el modo en que nuestros miedos y apegos nos han limitado, y podemos ver las muchas oportunidades que tienen nuestros corazones para abrirse. ¿Nos hemos permitido amar a la gente que nos rodea, a nuestra familia, nuestra comunidad y a la tierra en la que vivimos? ¿Hemos aprendido a soltar? ¿Hemos aprendido a vivir a través de los cambios de nuestra vida con sabiduría y compasión? ¿Hemos aprendido a perdonar y a vivir desde el espíritu del corazón en lugar que desde el espíritu de la crítica?

Soltar constituye una invitación a dejar de aferrarnos a lo que sea, ya se trate de una idea, un objeto, un suceso, un momento, una perspectiva o un deseo determinados. Constituye una decisión consciente de dejar ir con plena aceptación para fluir con la corriente de momentos presentes a medida que éstos se van desplegando. Soltar significa dejar de forzar, de resistirnos o de luchar, para recibir a cambio algo más poderoso y saludable que surge del hecho de permitir que las cosas sean como son, sin quedarnos atrapados en la atracción o en el rechazo que sentimos hacia ellas, en el enganche al deseo, a lo que nos gusta o a lo que disgusta. Es extremadamente similar al acto de permitir que la palma de la mano se abra para desasir algo a lo que nos hemos estado aferrando.

Así que preguntarnos ¿Vivo un camino con corazón? Es la fórmula para vivir plenamente para aprender a soltar y permitir al cambiante misterio de la vida que nos atraviese sin que temamos, sin apegarnos, sin aferrarnos, viviendo con compasión y bondad hacia nosotros y todos los seres que nos rodean.

 

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