MIRAR TODO CON AMOR (Pollak-Pedulla-Siegel)

Prueba a mirar a la gente con ojos bondadosos y de amor. A medida que lo hagas, lleva tu conciencia a cualquier tensión u opresión que tengas alrededor de los ojos; sin forzar nada, invita a tus ojos a que se suavicen.

Concentra tu atención en cualquier cambio sutil en la cara, el cuerpo, el corazón y la mente. Percibe las historias que vengan a la mente o cualquier resistencia que surja; permite que crezcan y se disipen sin quedar atrapado en la narrativa.

Observa lo que sucede cuando suavizas tu mirada: mira a tu pareja, a tu hijo o al compañero con ojos bondadosos y de amor. Normalmente no es una experiencia de una sola dirección. La manera en la que miramos a los demás suele influir en cómo nos miran a nosotros, y a su vez en la forma en que nos miramos a nosotros mismos.

Los sistemas de regulación emocional según Paul Gilbert.

 Paul Gilbert, afirma que nuestro cerebro contiene, como mínimo, tres tipos principales de sistemas de regulación emocional, cada uno diseñado para hacer cosas distintas. Estos tres sistemas de regulación emocional son: el sistema de amenaza y protección; el sistema de impulso, búsqueda de recursos y excitación;  y el sistema de calma y afiliación, alivio y seguridad (Gilbet, 2015). Dicho  de otro modo ¿qué hacemos ante las amenazas?, ¿de dónde saca nuestro cuerpo la energía para lograr nuestros objetivos? y ¿por qué en ciertos momentos nos sentimos en calma y bienestar?

Estos tres sistemas están interconectados y se han configurado  con la evolución de nuestra especie. Esto significa que tenemos una sensibilidad a ciertos estímulos que es un producto de la genética, pero que también se pueden activar, por condicionamiento a otros estímulos, en las primeras etapas de nuestro aprendizaje. A continuación pasamos a comentar mas detenidamente estos tres sistemas.

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Reconsiderando el perdón

Todas las personas arrastramos heridas emocionales, sobre todo si somos adultos. Todos llevamos en nuestras espaldas injusticias, traiciones, humillaciones y negligencias que nos han provocado otras personas, pero también que nos hemos provocado nosotros mismos. También es probable que hayamos sido responsables, conscientemente o no, del sufrimiento de otras personas.

Estas heridas pueden ser pequeñas piedrecitas pero también, para algunos, grandes rocas con las que cargamos y que, sin embargo, nos cuesta soltar.

Uno de los desafíos más importantes en el camino hacia el equilibrio emocional está relacionado con esas heridas emocionales que arrastramos del pasado, bien sean causadas por otros o por nosotros mismos. ¿Cómo podemos gestionar el resentimiento, el enfado, la ira… que a veces nos causan dichas heridas?  Sigue leyendo “Reconsiderando el perdón”

Los siete peldaños del equilibrio emocional

Las emociones difíciles suelen ser en muchos casos  las que nos hacen sufrir y pueden acabar, además, desencadenando conductas inapropiadas, fuente, a su vez, de más problemas relacionales y de más sufrimiento. Practicar la “Atención Plena” (Mindfulness) es una forma de afrontar estas emociones difíciles cuando se desencadenan. Vicente Simón, en su libro “Aprender a practicar Mindfulness”,  expone siete pasos para que a través de la “Atención Plena” podamos afrontar dichas emociones.

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Cáncer y bienestar emocional

Elegir la forma en que queremos vivir.

A lo largo de la vida no enfrentaremos a situaciones que no hemos elegido pero que sucederán de todos modos: Un accidente que nos pone frente al dolor físico, una muerte que nos pone ante sentimientos de pérdida, una enfermedad que rompe nuestro ritmo vital. Las consecuencias para nuestras vidas se derivan no de estas situaciones, que forman parte de la misma vida, sino de las acciones que emprendemos para enfrentarnos a estas situaciones.

Podríamos decidir claudicar, buscar soluciones de evitación, tratar de eliminar nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones para no enfrentarnos a nuestra realidad y al sufrimiento que esta nos provoca. A corto plazo podría parecer que estas soluciones funcionan, pero con el tiempo acabaríamos recluidos dentro de nosotros mismos, perderíamos vitalidad, nuestra vida se encogería y nos daríamos cuenta que no han funcionado y que estamos peor que al inicio de dicha situación.

Igualmente podríamos tomar la decisión de aceptar dicha situación y responder según los valores que de verdad nos importan y nuestra forma de entender la vida, de comprometernos con estar presentes y de vivir valiosamente el tiempo que tenemos, portando en nuestra mochila el dolor que nos provocan están situaciones. Sigue leyendo “Elegir la forma en que queremos vivir.”

Sufrimiento humano y bienestar.

Todos hemos pasado por la experiencia de ir caminando por la calle, en un momento en el que teníamos un día especialmente malo, y mientras mirábamos a nuestro alrededor, a las personas con las que nos cruzábamos pensábamos que lo tenían todo controlado, que eran felices,  que estaban satisfechas con sus vidas y se nos venía una y otra vez un pensamiento recurrente  que nos repetíamos a nosotros mismos: ¿Por qué no puedo ser tan feliz como el resto de la gente? ¿Por qué me pasa esto a mí? Ellos no sufren como sufro yo, a ellos no les pasa lo que me pasa a mí, ellos no se sienten como si una nube oscura estuviera siempre al acecho, amenazadora, sobre sus cabezas.

Pero esto no es así. Todos los seres humanos tenemos dolor. Si uno vive lo suficiente ya habrá experimentado o experimentará la desgracia de la perdida de alguien a quien ama. Cada persona concreta ha experimentado o experimentará dolor físico. Todo el mundo ha sentido tristeza, vergüenza, ansiedad, miedo, perdidas. Todos tenemos recuerdos que nos resultan embarazosos, humillantes o vergonzosos. Todos llevamos ocultos, en el interior, secretos dolorosos. Además la gente no solo sufre, provoca sufrimiento en otras personas en forma de sesgo, prejuicios y estigmas de una manera que parece tan natural como el respirar.

El hecho de ser humano implica sentir dolor de un modo mucho más penetrante que lo pueda experimentar cualquier otra especie de la tierra.

Ninguna cosa externa nos asegura la liberación frente al sufrimiento. Ni siquiera es suficiente cuando nosotros, los seres humanos, disponemos de todo aquello de lo que, por lo general, echamos mano para valorar el éxito externo: padres cariñosos, hijos estupendos, seguridad financiera, pareja comprometida… Podemos tener todo esto y más y aun así sentirnos desgraciados, experimentar dolor, no encontrarle sentido a la vida. Todo esto lleva a una conclusión: el sufrimiento es característica básica de la vida humana.

Aceptada la premisa de que el sufrimiento humano es la norma  y no la excepción en la vida, la pregunta es ¿Se puede ser feliz cuando estamos sufriendo? Hay muchas respuestas a esta pregunta. A mí personalmente me parece que aceptar la situación (Esto es lo que hay) y seguir viviendo la vida que uno ha elegido vivir (con sus valores, sus relaciones con los demás, sus proyectos, etc.) es la fórmula que nos permitirá crecer en bienestar emocional, relacionarnos desde la empatía  y el compromiso con los demás y en definitiva ser más felices.

El humor como fortaleza psicológica

Cuando las emociones negativas nos absorben

La mayoría de las personas en ciertos momentos, o situaciones de nuestras vidas, nos podemos sentir amenazadas por experiencias internas (emociones, recuerdos o pensamientos negativos recurrentes), por perdida de personas queridas, por situaciones desagradables… y esto nos   genera sentimientos negativos. La forma que cada persona tiene de procesar esa información es importante porque va a condicionar todas sus decisiones y  conductas.

Cuando nuestra atención es  absorbida y nos  sentimos abrumados por recuerdos,  emociones, pensamientos negativos, etc. dejamos de estar viviendo el momento presente, nuestro cuerpo empieza a reaccionar antes incluso de que seamos conscientes, y nuestras emociones nos abstraen y centran nuestros pensamientos y comportamientos.

Hasta aquí todo normal, el problema empieza cuando pasamos demasiado tiempo respondiendo a pensamientos, sentimientos y recuerdos dolorosos como si fueran acontecimientos reales, en vez de vivir el momento presente. Esta situación suele generarnos malestar y por ello tendemos a realizar conductas para eliminarlo o evitarlo. Desgraciadamente nuestras estrategias de eliminación o evitación de estos pensamientos intrusivos o emociones negativas, de este malestar,  a menudo, solo sirven para aumentar la frecuencia  y la intrusividad de dichos pensamientos, sentimientos… en resumen para hacernos sufrir más; en esta situación nuestras estrategias crean, paradójicamente, una prisión en la que nuestros intentos por rechazar e ignorar las experiencias dolorosas sólo sirven para arrastrar nuestra atención de nuevo a estas experiencias dolorosas y acabamos metidos en un círculo en el que re-experimentamos una y otra vez el sufrimiento, mientras intentamos rechazarlo y lo que conseguimos es aumentarlo.

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Está claro que muchos de los esfuerzos de nuestra mente están dirigidos al control de dichas situaciones, pero ese control no nos enseña a observar sin juzgar la creación y el surgimiento de pensamientos y emociones en la pantalla de nuestra consciencia. Sigue leyendo “Cuando las emociones negativas nos absorben”

Introducción a los conflictos