Vuelta al amor

Nuestro temor más profundo no es ser inadecuados.

Nuestro temor más profundo es que seamos poderosos más allá de toda medida.

Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que nos asusta.

Nos preguntamos ¿Quién soy yo para ser brillante, inteligente, fabuloso, estupendo?

En realidad ¿Quién eres para no serlo?

El hacerte pequeño no le sirve al mundo para nada.

No hay nada de esclarecedor en encogernos de manera que las otras personas

se sientan inseguras en nuestra compañía.

Todos estamos destinados a brillar, como lo hacen los niños…

Y, al dejar que brille nuestra propia luz,

inconscientemente les damos a los demás, permiso para hacer los mismo.

Al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia libera automáticamente a los otros.

Marianne Williamson.

 

Seguir un camino con corazón

En el camino de la vida  es bueno parar de vez en cuando y preguntarse “¿Estoy siguiendo un camino con corazón?” Porque en el mundo actual, donde todo se puede vender y comprar, es fácil perderse en ese mercado en el que se nos ofrece y promete una vida plena, conocimiento, gozo, felicidad… Si no vamos con cierto tiento pronto nos encontraremos enfrascados en la ambición, el materialismo y el aislamiento de nuestra moderna sociedad.

En este camino que es la vida, lo importante es sencillo: hemos de asegurarnos de  que nuestra vía está conectada con nuestro corazón y esto, a su vez, tiene que ver con permanecer cerca de lo cotidiano: concentrarnos en lo que tenemos delante, para asegurarnos de que nuestra vía está conectada con nuestro más profundo amor. Sigue leyendo “Seguir un camino con corazón”

Detener nuestra guerra interior

 

La mente tiene la tendencia a pelear contra las cosas tal como son. Para seguir un camino con corazón, hemos de comprender completamente el proceso de hacer la guerra, dentro y fuera de nosotros, cómo se inicia y cómo termina.

Sin comprensión, nos pueden asustar con facilidad los fugaces cambios, las pérdidas inevitables, los fracasos, la inseguridad del envejecer y del morir. La incomprensión nos lleva a pelear con la vida, huyendo del dolor o aferrándonos a la seguridad y los placeres que, por naturaleza, nunca pueden satisfacernos realmente.

Nuestra lucha con la vida se expresa en cada dimensión de nuestra experiencia, interior y exterior. Guerreamos con nosotros mismos, con nuestras familias y comunidades, entre razas y naciones. Las guerras entre personas son un reflejo de nuestro propio conflicto interno y del miedo.

Achaan Chah, describe esta batalla sin fin:

Los seres humanos estamos constantemente en combate, en guerra, con el fin de huir del hecho de ser tan limitados, limitados por tantas circunstancias que no podemos controlar. Pero en lugar de escapar, seguimos creando sufrimiento, emprendiendo guerras con el bien, con el mal, con lo que es demasiado pequeño, con lo que es demasiado grande, con lo que es demasiado corto, con lo que es demasiado largo, con lo que es correcto o incorrecto, batallando, batallando sin tregua.

La sociedad abona nuestra tendencia mental a negar o reprimir nuestra consciencia de la realidad. Gastamos una energía enorme para rechazar nuestra inseguridad, luchar contra el dolor, la muerte y la pérdida, así como para ocultarnos de las verdades básicas del mundo natural y de nuestra propia naturaleza. ¿Cómo somos capaces de cerrarnos de un mundo tan tajante a las verdades de la existencia?

Usamos la negación para escapar a los pesares y dificultades de la vida. Para apoyar dicha negación, utilizamos adicciones. Nuestra sociedad es una sociedad adicta, adicta a las drogas, adicta al juego, comida, sexo, relaciones poco saludables, o a la velocidad y al trabajo. Y todas esas adicciones constituyen apegos repetitivos y compulsivos utilizados para eludir los sentimientos y negar las dificultades de nuestras vidas. Sirven estas adicciones para insensibilizarnos a lo que hay, para ayudarnos a eludir nuestra experiencia.

Una de nuestras adicciones más arraigadas es la adicción a la velocidad. La sociedad tecnológica nos empuja a aumentar el ritmo, el ritmo de todo, el ritmo de nuestra productividad, el ritmo de las comunicaciones, el ritmo de nuestras vidas.

En una sociedad que nos empuja a la velocidad y las adicciones y nos insensibiliza a la experiencia. En una sociedad de estas características, es casi imposible ubicar nuestros cuerpos o comunicarnos con nuestros corazones y menos aún comunicarnos, de verdad, los unos con los otros, en la tierra en que vivimos. Por el contrario, cada vez nos sentimos más aislados y solos, privados de la comunicación con los demás y de la red natural de la vida, generándonos una profunda soledad acompañada de una sensación de pobreza interior.

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Cada segundo que vivimos

Cada segundo que vivimos es un momento nuevo y único del universo, un momento que jamás volverá… Y ¿qué es lo que enseñamos a nuestros hijos? Pues, les enseñamos que dos y dos son cuatro, que París es la capital de Francia.

¿Cuándo les enseñaremos, además, lo que son? A cada uno de ellos deberíamos decirle: ¿Sabes lo que eres? Eres una maravilla. Eres único. Nunca antes ha habido ningún otro niño como tú. Con tus piernas, con tus brazos, con la habilidad de tus dedos, con tu manera de moverte.

Quizá llegues a ser un Shakespeare, un Miguel Ángel, un Beethoven. Tienes todas las capacidades. Sí, eres una maravilla. Y cuando crezcas, ¿serás capaz de hacer daño a otro que sea, como tú, una maravilla? Debes trabajar, como todos debemos trabajar, por hacer el mundo digno de sus hijos.

Pau Casals

“La vida no es la que vivimos, sino cómo la recordamos para contarla”

Humanidad compartida

Un ser humano forma parte de un todo al que llamamos “universo”, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto; algo así como una ilusión óptica de su conciencia. Esta falsa ilusión es para nosotros como una prisión que nos restringe a nuestros deseos personales y al afecto que profesamos hacia las pocas personas que nos rodean. Nuestra tarea deber ser liberarnos de esta cárcel ampliando nuestro círculo de compasión para abarcar a todas las criaturas vivas y al conjunto de la naturaleza en toda su belleza.

Albert Einstein.

10 formas de que tu día sea más pleno

Imprime esta imagen y pégala en la pared, en el frigorífico, en tu lugar de trabajo… Y practica estas ideas todos los días de tu vida.

Estrés: una respuesta natural del organismo

Podríamos considerar el estrés como la respuesta natural del ser humano a las demandas del medio externo o interno. Desde esta perspectiva, el estrés es simplemente la forma que tiene nuestro organismo de cuidarnos y preocuparse por nosotros cuando entiende que estamos ante situaciones que nos amenazan. Es decir, situaciones que sobrepasan los recursos que poseemos.

Los investigadores definen el estrés como un proceso complejo y multidimensional. Dicho proceso está relacionado con la supervivencia de un organismo ante un estímulo, externo o interno, considerado amenazante y que moviliza en el organismo sus recursos fisiológicos, psicológicos y conductuales. Muchos de esos recursos están relacionados, directa o indirectamente, con la salud.

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MIRAR TODO CON AMOR (Pollak-Pedulla-Siegel)

Prueba a mirar a la gente con ojos bondadosos y de amor. A medida que lo hagas, lleva tu conciencia a cualquier tensión u opresión que tengas alrededor de los ojos; sin forzar nada, invita a tus ojos a que se suavicen.

Concentra tu atención en cualquier cambio sutil en la cara, el cuerpo, el corazón y la mente. Percibe las historias que vengan a la mente o cualquier resistencia que surja; permite que crezcan y se disipen sin quedar atrapado en la narrativa.

Observa lo que sucede cuando suavizas tu mirada: mira a tu pareja, a tu hijo o al compañero con ojos bondadosos y de amor. Normalmente no es una experiencia de una sola dirección. La manera en la que miramos a los demás suele influir en cómo nos miran a nosotros, y a su vez en la forma en que nos miramos a nosotros mismos.

OCHO MANERAS DE MANTENER LA PRÁCTICA DEL MINDFULNESS

Aprender la práctica formal de mindfulness es relativamente sencillo, pero mantenerla en el tiempo no lo es. Es fácil frustrarse, pensar que no lo estamos haciendo del modo correcto o preguntarse si realmente merece la pena. Por ello el compromiso y la perseverancia son fundamentales.

Trabajar el mindfulness es comparable al desarrollo de la forma física y que se puede plantear con diferentes niveles de intensidad. La analogía se mantiene también de otro modo: a veces es complicado engancharse a una rutina de ejercicios, pues hay días en que un entrenamiento puede antojarse muy difícil, y hay otros días en que el mismo entrenamiento se realiza sin apenas esfuerzo. Pero aunque los entrenamientos sean fáciles o difíciles, estamos seguros de que nuestro cuerpo está poniéndose más en forma cada vez que hacemos ejercicio físico.

En la práctica del mindfulness nos puede pasar algo parecido por lo que es necesario tener claro que solo la práctica continuada, del día a día, nos puede llevar a convertirla en una fuente de bienestar en nuestra vida. Sigue leyendo “OCHO MANERAS DE MANTENER LA PRÁCTICA DEL MINDFULNESS”